1).------------ ESTUDIANDO NUESTRA HISTORIA:
1-2).---------- CONTRA EL EUSKARA: DINERO, EDUCACION Y TERROR.
Desde mediados del siglo XVIII el sistema educativo estaba siendo superado en dos cuestiones decisivas para la burguesía en ascenso y para los jauntxos: en la lenta todavía implantación del castellano y en el atraso técnocientífico. Aunque el desprestigio del euskara como lengua inculta, primitiva y torpe, venía de lejos, y aunque los maestros trabajaban en castellano, aún los alumnos podían hablar algo en euskara. Para cortar de cuajo ese mínimo resquicio en 1730 se impuso en Beasain el tristemente famoso anillo al alumno que hablase euskara. Los años posteriores verán cómo se extiende ese castigo: en Aia en 1784 y en 1787 se riza el rizo represivo en Elgoibar al imponer el anillo incluso fuera de la escuela. Simultáneamente a la represión de la lengua vasca, se extiende la tesis ilustrada de la nueva educación tecno-científica. La Real Sociedad Bascongada, formada por miembros de las clases ricas participantes activos en la represión de la matxinada popular de 1766, como Peñaflorida y otros, facilitó la creación del Seminario de Bergara en 1776 rigurosamente monopolizado por las élites ricas. En estas condiciones, los escritos de Larramendi, Kardaberaz y otros autores defensores del euskara, e incluso de un protonacionalismo independentista, se movían en el plano defensivo de reivindicar el euskara para el aprendizaje religioso. Este esfuerzo era ya significativo en una época en la que el castellano se imponía irremediablemente en todos los documentos básicos para la administración como eran -y son- las actas notariales y en general toda clase de documentos que afecten a la reproducción de las condiciones sociales.
La situación en Iparralde no varió substancialmente en lo relativo a la paulatina marea del francés, y en el carácter minoritario del sistema educativo existente. La revolución burguesa de 1789 tuvo unos efectos desgarradores sobre las libertades vascas, destruyéndolas sin piedad y aplicando una feroz represión contra quienes se negaron a aceptar el nuevo centralismo, y fueron muchísimos. Los revolucionarios franceses tuvieron la astucia oportunista de recurrir al euskara en una primera fase como instrumento de captación de simpatizantes y atenuación de tensiones y resistencias. Con unas traducciones pobres y lineales del francés al euskara, aparecieron textos informativos sobre las nuevas leyes, decretos y proclamaciones republicanas. Incluso se editó una especie de traducción al euskara del nuevo calendario republicano, con los nombres de los meses. Pero esta manipulación propagandística de la lengua vasca duró muy poco porque la centralización estatal exigía una única lengua. Fue Barrère quien gritó aquello de que el fanatismo hablaba en vasco. Pese a reconocer que Euskal Herria no había sido nunca un pueblo esclavo ni esclavizador, y que ni Julio César había podido dominarlo, terminaba exigiendo su sumisión lingüístico-cultural, además de política, a París. La imposición del servicio obligatorio en el ejército francés sería, como casi un siglo más tarde en Hegoalde, uno de los instrumentos más efectivos de imposición cultural extranjera.
Un ejemplo del carácter minoritario del sistema educativo entonces vigente en todo Euskal Herria lo tenemos en el pueblo alavés de Dulantzi en 1813. El maestro era la tercera persona que mejor cobraba del pueblo junto con el molinero, 800 reales al mes, detrás del médico con 880 y el boticario con 920 reales, respectivamente, de una lista de 28 sobre una población de 566. El maestro cobraba no sólo del ayuntamiento, sino de las cinco familias de jauntxos locales y de las siete con oficios mejor remunerados del pueblo. Un maestro y una educación castellana pagados por las clases ricas.